viernes, 3 de agosto de 2007

Sobre una tarea...

Vivimos en un mundo táctil, sonoro, visual, que nos estimula, que comprendemos a veces.
Los artistas que lo habitan lo perciben de maneras diversas, y hasta resultan ser estimulados en ocasiones. El artista que compone una obra de arte, logra traernos una parte del mundo que no vemos, sentimos o tocamos. Esa obra de arte que nos hace sentir tanto es sólo una mezquina porción del gran sueño que se esconde en la grandeza infinita, de la que somos una milésima de la parte más insignificante. Ese estrato del sueño que los artistas logran traer es como un gran tesoro que debemos guardar. El gran sueño puede ser descubierto y traducido en una melodía, en la combinación de muchas palabras o en la sucesión de algunas imágenes que se transforman en el código de esa pequeña porción de imagen del gran sueño. Nuestra tarea de audiovisuales es muy compleja. No sólo tenemos el deber de descubrir en imágenes una porción de magia, también debemos encontrar su equivalente en otra codificación. Debemos encontrar la significación en la imagen y su correspondiente melodía, que solo forman dos lecturas de una solo milésima de la parte más pequeña de la realidad que añoramos y buscamos.
Sé muy bien que no he encontrado demasiado, y me gobierna el error de haber pensado en ese gran sueño como algo único, porque cada persona puede haber pensado en ese gran sueño como único e irrepetible. También me permito pensar en un gran sueño sin partes, pero compuesto de cada uno de los sueños de realidades que tuvieron y tendrán todos. He pensado que las melodías combinadas con imágenes aún sin ser equivalentes no dejan de producir significado, pero que dichoso aquél cineasta que encuentre la indicada.